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MAQUILLAJE FEDERAL, PARA ESCONDER EL CENTRALISMO PORTEÑO, QUE NOS LLEVA A UN FUTURO PEOR

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Profesor en Universidad de Buenos Aires, así como en la Universidad de San Andres, y ex CEPAL, Daniel Heymann hace rato que plantea que el problema central de la economía argentina es la generación de recursos en dólares suficientes para el pago de la deuda en una economía que, para crecer, necesita dólares para pagar las importaciones.




La dirigencia argentina, embarcada en un tira y afloje pseudofederal sobre cómo repartir escasos porotos fiscales, tácitamente aceptó financiar el déficit endeudándose en US$ 47 mil millones más en 2018 (hasta llegar a US$ 200.000 millones), pese a las advertencias del círculo rojo en contrario. Y pasa de plano que, así como van las cosas, el país no clasifica para el Mundial de la economía global en el que pretende insertarse, sin un Messi, un Adidas o un Infantino capaces de hacer el milagro. El comercio exterior viene dando US$ 6.000 millones de pérdida este año y las exportaciones, desde que bajaron los precios de los commodities y del frenazo internacional de 2011, no levantan cabeza cuando se necesitarían esos dólares para pagar las importaciones que demande la recuperación productiva, altamente dependiente (60% en general) del insumo externo.

 

Ni hablar de afrontar los intereses de la deuda, que se siguen multiplicando. Marcelo Elizondo, desde la consultora DNI, subraya que los problemas de competitividad afectan a todos los sectores exportadores (que el gobierno ha puesto como eje de reformas que son requeridas para mejorar el entorno de negocios) de veras que existen y exigen acciones efectivas. “La economía argentina se encuentra así una vez más fuertemente expuesta a las vicisitudes de las finanzas internacionales”, advirtió el director de CENE de la Universidad de Belgrano, Víctor Beker.

 

Profesor en Universidad de Buenos Aires, así como en la Universidad de San Andres, y ex CEPAL, Daniel Heymann hace rato que plantea que el problema central de la economía argentina es la generación de recursos en dólares suficientes para el pago de la deuda en una economía que, para crecer, necesita dólares para pagar las importaciones.

Y en el panel que integró con Miguel Angel Broda y Juan Carlos de Pablo, moderados por Fernando Navajas, en la apertura de la LII Reunión Anual de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP), puso de relieve el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, "que este año va a ser muy apreciable".

Recordó que "hasta 2015 lo financiábamos con reservas, ahora con endeudamiento externo. Es una cuestión para atenderla pronto", exhortó. E indicó la necesidad de "aumentar las exportaciones antes de que lleguen las dificultades de financiamiento".

El minué entre funcionarios del gobierno de Mauricio Macri y mandatarios provinciales por el reparto de recursos fiscales sacó de plano un desfase estructural que aqueja a la economía nacional y tiene que ver con su capacidad para generar divisas, lo que desde la caída de los precios internacionales de los commodities y desde la apertura de los primeros candados del cepo impuesto por el gobierno anterior para “cuidar las divisas” dejó al desnudo la vulnerabilidad de una balanza comercial muy dependiente del agro por el lado de los ingresos y de la importación para mover a la industria (60%) del flanco de las erogaciones.

El reciente reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano difunde la última foto de la versión moderna del deterioro de los términos del intercambio, que denunciaba en los ´60 el cepaliano, como Heymann, Raúl Prebisch y luego predicaba el abuelo homónimo del Rogelio Frigerio ministro del Interior: en los 1ros nueve meses del año se registró un déficit de la balanza comercial de US$5.200 millones, cuando, en igual período de 2016, el saldo había sido positivo en US$1.865 millones.

Mientras las ventas al exterior crecieron apenas un 0,7% en este último lapso, las compras externas treparon un 17,7%. El mayor crecimiento en las importaciones correspondió a vehículos automotores, con un 43,1%.

Víctor Beker, director del CENE, lo atribuye a dos factores: “la reactivación económica y el significativo atraso cambiario. Todo incremento de la actividad económica en nuestro país genera un aumento en las importaciones, debido al componente importado de la mayor parte de nuestra producción. En paralelo, se registra un creciente atraso cambiario que alienta la importación y dificulta el avance de las exportaciones”, analiza.

Cuenta corriente desbalanceada

El economista ex INdEC explica, en ese aspecto, que “el creciente déficit comercial se ha de traducir en un incremento en el desbalance de cuenta corriente, que ya en el 1er semestre del año totalizó US$ 12.889 millones, casi equivalente al registrado en todo 2016: 14.533 millones”.

Y si el deterioro del sector externo no se ve reflejado en la posición de reservas del Banco Central es merced a que “el creciente endeudamiento del Tesoro genera un ingreso de divisas que va a parar a las arcas de la entidad monetaria”, lo cual crea una dependencia que juzga “decisiva” en el mercado internacional de capitales para “hacer frente a los déficits gemelos: el del sector externo y el de las cuentas fiscales”, señala Beker.

Los desequilibrios se encuentran directamente consignados en el proyecto de Presupuesto remitido por el Poder Ejecutivo al Congreso de la Nación, sin que a ningún gobernador se le haya movido un pelo:

-Déficit fiscal de 5,5% del PBI;

-un déficit de la balanza comercial de US$6.000 millones, y

-una cotización promedio del dólar de $19,30, que consolida el atraso cambiario.

Esos números cierran con un incremento del endeudamiento en US$47.000 millones durante 2018, lo cual llevaría la deuda pública con el sector privado y los organismos internacionales a US$201.000 millones, 31,1% del PBI.

“La economía argentina se encuentra así una vez más fuertemente expuesta a las vicisitudes de las finanzas internacionales”, sostiene el director de CENE, quien resalta que el propio presupuesto admita un déficit comercial de US$6.000 millones, cuando por ser un país deudor “debería tener superávit comercial y de cuenta corriente para hacer frente a los pagos de intereses”.

Por el contrario, el déficit comercial implica que “la deuda deberá incrementarse, no sólo para hacer frente al pago de intereses sino también para cubrir el desbalance mercantil sin perder reservas del Banco Central”, en un contexto de alta inestabilidad financiera internacional.

El director de Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), Marcelo Elizondo, hace sonar las alarmas del comercio exterior con el acento puesto en que Argentina no recupera dinamismo exportador y mantendrá este año niveles 30% menores que en 2011 (unos US$25.000 millones menos).

El descenso ha sido de US$3.100/3.200 millones, alrededor del 18% del total en cada caso:

-minerales y productos de las industrias extractivas;

-vegetales -commodities agrícolas- y

-material de transporte.

Sumados, explican más de la mitad (54%) del total resignado.

Si bien reconoce que la caída de las exportaciones afectó a todo el mundo, Elizondo rescata que no fue la regla general. Muchos países han podido hacer crecer sus ventas externas por encima del 2011, como China, Hong Kong. México, Suiza, Polonia, Vietnam, Turquía, República Checa, Irlanda, Rumania, Filipinas, Bangladesh y Eslovenia.

Mientras Estados Unidos, Corea del Sur, Tailandia, Austria, Hungría, Eslovaquia, Israel, Portugal, Bulgaria y Lituania mantienen niveles relativamente similares de exportaciones medidas en dólares. Y Finlandia, Chile, Israel, Rumania y Eslovaquia desplazaron como exportadores a nuestro país desde 2011. Además, Hungría, Austria, Nueva Zelanda o Grecia (por caso) registraron una merma menor a la nuestra en las ventas durante ese lapso.

Argentina sólo superó a algunas otras pocas naciones petroleras afectadas por los menores precios.

Si se mide la participación en las exportaciones mundiales, actualmente ocupa el 0,3% cuando en los tiempos en que Prebisch denunciaba el deterioro de los términos del intercambio (1960) tenía el 0,85%, casi el triple.

Si bien aún permanecemos entre las 30 principales naciones del mundo por PIB (26vo, con el 0,8%, según datos del FMI de 2016), en el ránking exportador estaríamos 45vos, atrás de 20 países que tienen un PBI medido en dólares más chico.

Última actualización el Sábado, 18 de Noviembre de 2017 19:57  

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