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Home Blog de Sección Históricas I: LA VERDADERA HISTORIA DE LA TRIPLE A

I: LA VERDADERA HISTORIA DE LA TRIPLE A

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ImageLa Triple A o las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina, en cualquier caso) fue una estructura criminal -amparada en la lucha contra el "comunismo apátrida" (espectro en el que incluía a las violentas organizaciones de izquierda)- que, en verdad, fue un desprendimiento del propio Estado, creada por instrucciones precisas de Juan Perón. Esta cuestión relevante ha sido eludida, una y otra vez, por el propio peronismo, y en algún punto de esta 'revisión histórica' iniciada por el Gobierno Nacional luego del 'fiasco' del secuestro de Luis Geréz, habrá una contradicción entre los anhelos del ala 'transversal no peronista', deseosa de una revancha básicamente a costa de la figura de Perón, y el 'peronismo residual', que prefiere cerrar el capítulo histórico. Publicamos los dos artículos del diario Ambito Financiero sobre su historia.

El trabajo de 'Ámbito' afirma que el Estado "alimentó y utilizó a esos grupos como atajo para enfrentar a la subversión ante la incapacidad (o falta de celeridad de sus medios regulares). Insólito recurso, aunque común a otros procesos en el mundo, que todavía debate si su estado de vida es la guerra o la paz".

Las Tres A eran los 'Ford Falcon verdes' y "respondían, guste o no, a la instrucción original de Juan Perón, ese hombre 'descarnado' que volvió al país desde una violencia (los Montoneros) y que imaginaba instalarse en el poder combatiendo con otra violencia. Para un militar, cuestiones de poder, comprensibles; para un ciudadano común, democrático, un proceso inexplicable. Les costaba entender antes, les cuesta entender ahora. Parece curioso que sea ahora una administración peronista la que hoy revuelva esa etapa, aunque ciertamente a través de los trámites judiciales parece observarse aún la confrontación entre una y otra violencia, sobre las que penduló Perón".

Resulta inútil cualquier aproximación a la época sin recordar la violencia de esos tiempos. Organizaciones terroristas como Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarios, Ejército Revolucionario del Pueblo y otras habían apelado a la violencia para acelerar la salida de los militares de la 'Revolución Argentina' del poder, y luego comenzaron a ejercerla como mecanismo de ajuste de cuentas en la interna del heterogénea peronismo. Ocurrió que esas organizaciones circunscribían la ampliación de su influencia en el poder del Estado a través de la violencia política. Lo que hizo Perón fue movilizar al Estado para crear una organización que reprimiera con igual o mayor violencia a los terroristas. Hubo ilegalidad de uno lado y del otro.

Juan Bautista Yofre recuerda: "La llegada definitiva de Perón a la Argentina estuvo manchada de sangre por doquier. Decenas de muertos fueron los que quedaron tendidos en los bosques y jardines de Ezeiza aquel 20 de junio de 1973. A grandes rasgos, dos grupos fueron los que se enfrentaron. Por un lado, activistas sindicales que respondían a la conducción de José Ignacio Rucci y su secretario Ramón Martínez, a los que se sumaron miembros de las agrupaciones 'ortodoxas' Comando de Organización (C. de O.), Concentración Nacional Universitaria (CNU), remanentes de la vieja Alianza Libertadora Nacionalista y del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT). A su vez reforzados por militares y policías retirados, aportados y apostados por el coronel (RE) Jorge Manuel Osinde, que se dedicaron a custodiar el palco desde donde hablaría Juan Domingo Perón. Por el otro, las fuerzas de las 'organizaciones especiales' que pugnaron por acercarse al lugar y fueron recibidas por una lluvia de proyectiles de todo calibre.

La derecha proclamó su triunfo y en la intimidad, 'a Osinde y a Rucci los llamábamos autores de la Tercera Fundación de Buenos Aires'. Ante los incidentes de todo tipo (hasta linchamientos, castraciones y ahorcamientos en los árboles), el avión que traía a Perón descendió en la Base de Morón. La primera reacción del viejo líder fue amenazar con un 'yo me vuelvo a Madrid'. Vicente Solano Lima (presidente de la Nación interino) habla desde Ezeiza al avión presidencial que trae a Cámpora y Perón desde Espańa:

-Mire doctor, aquí la situación es grave. Ya hay ocho muertos sin contar los heridos de bala de distinta gravedad. Esa es la información que me llegó poco después del mediodía. Ya pasaron dos horas desde entonces y probablemente los enfrentamientos recrudezcan. Además, la zona de mayor gravedad es, justamente, la del palco en donde va a hablar Perón.

Héctor J. Cámpora (desde la cabina del avión presidencial):

-Pero doctor, żcómo la gente se va a quedar sin ver al general?

Lima: -Entiéndame, si bajan aquí, los van a recibir a balazos. Es imposible controlar nada. No hay nadie que pueda hacerlo.

Según Lima, ya en Morón, Perón insistió en sobrevolar la zona para, por lo menos, hablarle a la gente con los altoparlantes de los helicópteros. 'Pero le expliqué que también era imposible: en la copa de los árboles del bosque había gente con armas largas, esperando para actuar. Gente muy bien equipada, con miras telescópicas y grupos armados que rodeaban la zona para protegerlos. No se los pudo identificar, pero yo tenía la información de que eran mercenarios argelinos especialmente contratados por grupos subversivos para matar a Perón.'

En esos días previos a los enfrentamientos de Ezeiza, los servicios de informaciones y algunos voceros de la derecha dejaron trascender que la izquierda tenía en preparación el plan 'Cinco Continentes'. A grandes rasgos, el plan consistía en el asesinato de Juan Domingo Perón y de su esposa. Luego, frente al acontecimiento, se organizaría una pueblada sobre la Ciudad de Buenos Aires, seguida de un asesinato masivo de la dirigencia política, empresaria y sindical (que se extendería a las provincias), para culminar con la toma del poder y la constitución de un gobierno de claro signo castrista. Parecía un disparate... pero de eso se hablaba para calentar el ambiente. Desde Ezeiza en adelante ya nada sería igual. Perón no fue asesinado, pero el desorden parecía incontrolable y la gente miraba más hacia la casa de la calle Gaspar Campos, donde vivía Perón con Isabel y López Rega, que hacia donde trabajaba el presidente de la Nación.

Al día siguiente de la masacre, Perón habló por televisión, flanqueado por el presidente Cámpora y el vice, Vicente Solano Lima. En la ocasión, envió un claro mensaje a todas las 'organizaciones armadas', en especial a Montoneros: 'Todos tenemos el deber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos si no queremos perecer... Nosotros somos justicialistas, no hay rótulos que califiquen a nuestra doctrina y a nuestra ideología. Los que pretextan lo inconfesable, aunque lo cubran con gritos engańososo se empeńen en peleas descabelladas, no pueden engańar a nadie. Los que ingenuamente piensen que así pueden copar nuestro movimiento o tomar el poder que el pueblo ha conquistado, se equivocan. Ninguna simulación o encubrimiento, por ingeniosos que sean, podrán engańar. Por eso deseo advertir a los que tratan de infiltrarse que, por ese camino, van mal... a los enemigos embozados, encubiertos o disimulados les aconsejo que cesen en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento'.

En esos días, en una nueva muestra de ceguera política, 'Roby' Santucho, el jefe del PRT-ERP, declaró a la prensa durante una conferencia clandestina: 'El gobierno del doctor Cámpora se coloca cada vez más claramente al lado de los explotadores y de los opresores, junto a los enemigos del pueblo y de la Nación Argentina y se apresta a reprimir'.

El martes 10 de julio, en la casona de Gaspar Campos, Perón se encontró a solas con el comandante en jefe del Ejército. Durante el diálogo, el general Raúl Carcagno recibió una primicia de parte del dueńo de casa: 'Voy a hacerme cargo del gobierno y quiero que el Ejército lo sepa antes que nadie'.

Era toda una seńal. Tres días más tarde, Cámpora estaba fuera de la Casa Rosada y asumía Raúl Lastiri. Al presidente de la Cámara de Diputados le tocó presidir la Argentina hasta el 12 de octubre de 1973, día en que volvió a la Casa Rosada por tercera vez Juan Domingo Perón. Durante ese lapso, en Chile, el martes 11 de setiembre, fue derrocado el gobierno socialista que encabezaba Salvador Allende. Asumió una Junta Militar que encabezó el general Augusto Pinochet. La primera misión que envió al exterior el nuevo mandatario trasandino fue a la Argentina. Se cerraron los pasos fronterizos y se realizó un severo control sobre los exiliados. En la Argentina, durante esos 90 días de Lastiri, el nivel de violencia se profundizó.

Bajo la consigna de Dardo Cabo de 'que cada acción militar sirva para acumular poder... para la construcción del ejército revolucionario', la organización Montoneros realizó 2 días después de las elecciones que llevaron al triunfo a Juan Domingo Perón un hecho conmocionante.

El 25 de setiembre asesinó a José Ignacio Rucci, secretario general de la Confederación General del Trabajo, uno de los puntales del líder justicialista. La respuesta no se hizo esperar: llegó el 'Somatén'.

Justamente, ese mismo día, 'Il Giornale D' Italia', con la firma de Luigi Romersa, había publicado unas amenazantes declaraciones del Presidente electo: 'O los guerrilleros dejan de perturbar la vida del país o los obligaremos a hacerlo con los medios de que disponemos, los cuales, créame, no son pocos'.

La respuesta la dieron las AAA (Alianza Anticomunista Argentina), una organización de derecha amparada por José López Rega e integrada por efectivos ligados al sindicalismo, la ultraderecha peronista y elementos retirados del Ejército y las Fuerzas de Seguridad.

No está claro cómo se generó, aunque muchos seńalan como autor intelectual de las Tres A al propio Juan Domingo Perón: 'En una de esas tertulias, en las que había algunos extrańos que Gloria (la hija de Oscar Bidegain) no conocía, Perón se volvió hacia don Oscar (Bidegain) y dijo algo extrańo, que la jovencita tardaría ańos en descifrar: 'Lo que hace falta es un 'Somatén'. La sombra de aquella charla se extendería sobre los cadáveres que la Alianza Anticomunista Argentina sembraría en los bosques de Ezeiza... la idea de la Triple A no había nacido en la cabeza de López Rega, sino en la del propio Perón.'"

(N. de la R.: Definición del diccionario del Diccionario de la Lengua Espańola, de la Real Academia:

somatén. (Del cat. sometent). 1. m. Cuerpo de gente armada, que no pertenece al Ejército, que se reúne a toque de campana para perseguir a los criminales o defenderse del enemigo. Es instituto propio de Cataluńa.

2. m. En Cataluńa, rebato hecho al vecindario en un peligro.

3. m. coloq. Bulla, alarma, alboroto.

somatén.

1. interj. U. como grito de guerra de las antiguas milicias de Cataluńa).

Otra vez el relato de Yofre: "La idea de formar 'escuadrones de la muerte' para liquidar a la subversión de ultraizquierda no era nueva, ni original. Un par de ańos antes, durante una conversación sin mayor profundidad, el teniente general Alejandro Agustín Lanusse la lanzó en presencia del general Alberto Samuel Cáceres, jefe de la Policía Federal. El diálogo fue presenciado por tres testigos:

Lanusse: -żNo habrá llegado el momento de formar grupos reducidos para la lucha clandestina contra el terrorismo? Ir al terreno que ellos (los terroristas) nos plantean.

-Mi general, si eso se hace, al día siguiente no controlo a esa gente. No lo aconsejo.

Lanusse dejó pasar unos segundos y finalmente aceptó el consejo:

-Haga de cuenta que no dije nada. Delo por olvidado.

El periodista Marcelo Larraquy, en su biografía sobre López Rega, relató que la obsesión de Perón era liquidar al Ejército Revolucionario del Pueblo, y que 'en diciembre de 1973 le había propuesto a (Rodolfo) Galimberti conducir un grupo de represión ilegal contra la guerrilla marxista'.

Parece confuso el dato ya que para ese diciembre estaban vigentes las directivas del 'Documento Reservado' que dieron oxígeno a la formación de las Tres A.

Además, en ese entonces Galimberti estaba replegado sobre las entrańas de la 'orga' Montoneros (en la Columna Norte), como consecuencia de su traspié al anunciar la formación de 'milicias populares' en abril de ese ańo, provocando la furia del propio Perón. De todas maneras, hay que tener en cuenta que Larraquy escribió una extensa biografía de 'Galimberti' y de allí que haya podido escuchar una confidencia del propio dirigente montonero.

Para muchos, el Acta Fundacional de la Alianza-Anticomunista Argentina (AAA) es del 1ş de octubre de 1973, 6 días más tarde del asesinato de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, durante una reunión que presidió el propio Juan Domingo Perón como presidente electo de la Nación.

Estuvieron presentes Raúl Lastiri (en ese momento presidente interino de la Nación); los ministros del Interior, Benito Llambí, y de Bienestar Social, José López Rega. El senador nacional y secretario general del PJ, José Humberto Martiarena, fue quien leyó el trabajo, y los gobernadores y vicegobernadores que, por las dudas, llegaron con los textos de sus renuncias en los bolsillos respiraron con alivio cuando observaron que la cumbre no era contra ellos.

Su concurrencia -sin excluir a los 5 que estaban enrolados en la 'tendencia revolucionaria'- se debía a la obligación que adquirirían para implementar en todo el territorio nacional el funcionamiento de una estructura especial, encargada de defender al gobierno y al movimiento e impedir por la fuerza cualquier acción en su contra.

En la ocasión, Perón reiteró a los presentes que 'tendrán la más amplia libertad de elección de sus colaboradores... y la aptitud es la primera condición para justificar un nombramiento en áreas de responsabilidad técnica e, incluso, política', pero una sola excepción debe tenerse en cuenta: 'la de los militantes de la ultraizquierda que llegan al peronismo en función del copamiento'.

Tras la cumbre, cada uno de los presentes se llevó una copia del 'Documento Reservado' que fijaba directivas para terminar con el 'entrismo' de la izquierda.

En otras palabras, se creó a la vista de toda la sociedad un Estado al margen de la ley dentro del propio estado de derecho. En el primer punto se definía al enemigo: 'El asesinato de nuestro compańero José Ignacio Rucci y la forma alevosa de su realización marca el punto más alto de una escalada de agresiones al Movimiento Nacional Peronista que han venido cumpliendo los grupos marxistas terroristas y subversivos en forma sistemática y que importa una verdadera guerra desencadenada contra nuestra organización y contra nuestros dirigentes'.

Desde la otra vereda, la respuesta de Montoneros llegó a través de la revista 'El Descamisado': 'Si todos los peronistas no tenemos derecho a elegir quiénes nos representen, debajo de Perón, en el movimiento peronista, así no camina la cosa. Se va a seguir muriendo gente'.

También, dos días antes de la asunción de Perón, el Ejército tomó decisiones extremas en materia de seguridad. Con la firma del general Luis Alberto Betti, jefe del Estado Mayor General del Ejército, a las 18 horas del 10 de octubre de 1973, se extendió la orden especial del JEMGE Nş 457/73, secreta, para la seguridad del jefe del Ejército, teniente general Raúl Carcagno.

En 4 carillas, de las que sólo tomaron conocimiento 12 altos jefes militares, se observa que 'las organizaciones paramilitares terroristas, especialmente las de tendencia trotskysta como el autotitulado ERP, han reiterado sus amenazas de continuar la lucha armada contra el Ejército. Por lo expresado, continuarán los atentados contra miembros de la institución, fundamentalmente sobre las más altas jerarquías'.

A partir de estos dos conceptos se tendió un anillo protector alrededor de Carcagno y su familia, con medidas que contemplaban desde sus 'desplazamientos terrestres' hasta los 'aéreos'. (...) Estas medidas, calificadas de 'secreto' militar, firmadas a las 10 de la mańana del 24 de julio de 1973 por el general Alberto Numa Laplane, a cargo del Estado Mayor, tendían 'a disuadir e impedir atentados terroristas contra: teniente general (RE) Alejandro Agustín Lanusse; general de división ( RE ) Alcides López Aufranc y (la) seńora esposa del extinto teniente general Pedro Eugenio Aramburu'. (...)"

Documento Reservado

Las Tres A no fueron la única estructura de la derecha de la época, que operó desde la violencia. Hubo otras, también parapoliciales o filomilitares. Uno de los documentos que aporta Yofre es un análisis de un oficial retirado del Ejército (especialista en Inteligencia) del 'Documento Reservado' de Perón que dio origen a la Triple A:

"En el punto 1°, 'Situación', se sostiene: '... el punto más alto de una escalada de agresiones al MNP que han venido cumpliendo los grupos marxistas terroristas y subversivos en forma sistemática y que importa una verdadera guerra desencadenada contra nuestra organización y dirigentes...' Conclusión parcial: el documento caracteriza fuerzas en presencia y actores en conflicto y define esta situación como 'guerra'.

En el apartado b) se menciona la palabra 'enemigos', término éste que ni los militares utilizaron (usaban 'oponentes').

En el punto 3ş se define la línea general de acción: 'Ese estado de guerra que se nos impone no puede ser eludido, y nos obliga no solamente a asumir nuestra defensa, sino también a atacar al enemigo en todos sus frentes y con la mayor decisión...'. Conclusión parcial: se vuelve a emplear el término 'guerra' y se resuelve combatir 'en todos los frentes'. Estos frentes eran los propios de las organizaciones terroristas (sociales, políticos, gremiales, educativos, rurales, etcétera.)

En el punto 2°, 'Directivas', inciso 1, se insiste con la palabra 'guerra'. En el apartado 3°, 'Información', se establece '... la necesidad de participar en forma activa en la lucha contra nuestros enemigos'. En el punto siguiente se insiste en este aspecto, resaltando el 'acatar estas directivas'.

En el punto 5°, 'Inteligencia', se dice: 'En todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha, que estará vinculado con el organismo central que se creará'. Conclusión parcial: se crean estructuras de Inteligencia paralelas a las institucionales.

En el punto 8°, 'Medios de lucha', se agrega: 'Se utilizarán todos los que se consideren eficientes, en cada lugar y oportunidad'. Conclusión parcial: se establecen conducciones y ejecuciones descentralizadas, con gran libertad de acción.

En el punto 9°, apartado c), 'Acción de gobierno', se establece, refiriéndose a 'los compańeros peronistas en los gobiernos nacional o provinciales y municipales': 'Deberán participar en la lucha iniciada, haciendo actuar todos los elementos de que dispone el Estado para impedir los planes del enemigo y para reprimirlo con todo rigor'. Conclusión parcial: éste puede ser considerado como un antecedente documental de los decretos que dos ańos más tarde involucraron a las FF.AA. en la lucha contra el terrorismo.

Conclusión general: si bien grupos parainstitucionales armados existieron en otros momentos de la vida política del país (mazorca, Liga Patriótica, 'Klan' radical, Legión Cívica, Alianza Libertadora Nacionalista, comandos civiles, etc.), el contexto a partir de los ańos 60 y 70 (Guerra Fría) se caracterizó por la agresión externa terrorista revolucionaria. El 'entrismo' y la penetración ideológica en los principales partidos nacionales crearon fuertes divisiones internas enmarcadas en la utilización sistemática de la violencia (lucha armada). En este marco, las Tres A constituyó el instrumento paralelo del gobierno peronista que se resistió a ser trasvasado ideológicamente y a ceder el espacio de poder disputado y ganado en las urnas. Constituyó una respuesta oficial, apreciada como necesaria (aun en la forma), a los grupos terroristas que enfrentaban el gobierno y la sociedad. Si bien estas organizaciones (las Tres A) comenzaron a operar antes de su aparición pública a partir del primer comunicado, este documento analizado podría ser definido como la 'partida de nacimiento' de este grupo, oficializado directamente por el general Perón y la aprobación de los máximos dirigentes del movimiento".
 

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